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Con el fin del nomadismo y el inicio del sedentarismo –y el consiguiente  hecho de empezar a cultivar la tierra (medios de producción)- se fue creando la necesidad de tener más personas (mano de obra) que pudiesen colaborar en las tareas de siembra, riego, recolección… Y qué mejor alternativa de colaboración que la extensión de la propia familia a través de un vínculo determinado, el sanguíneo o el parentesco (Beattie 1986, Levi-Strauss 1991, Schenider [1971] en Dumont, 1975)[1]. Así pues nuestro modelo sexual se asocia indefectiblemente al progresivo surgimiento de la propiedad privada y las familias como sistema básico de producción. Y una conclusión más radical de este planteamiento extrapolada a nuestros días sería que hacemos el amor o tenemos sexo según lo marca nuestro sistema de consumo y de propiedad privada. 

Por lo tanto es importante entender que lo que hoy conocemos como familias tiene su origen en una conveniencia evolutiva de la especie humana y ello no quiere decir que el uso básico del sexo haya de ser la reproducción sino que sólo hay indicios claros de que la reproducción originariamente fue una razón poderosa. No nos extrañe, por lo tanto, cómo esta creencia y este propósito siguen vigentes en nuestras cabezas y son la causa de algunos problemas que tienen a la sexualidad como trasfondo: 

  • Chicas que se quedan embarazadas sin tener una pareja reconocida puede seguir siendo un problema. Y pueden sufrir traumas, angustia o trastornos emocionales.
  • Muchas personas piensan que hacer el amor fuera de la pareja se considera una traición entre quienes forman la propia pareja (otras personas, en cambio, no lo piensan).
  • Otros/as están solos/as deseando tener una familia.
  • Vivir solo (sin ser cura o monja) puede tener la connotación social (falsa pero existente) de que se pueda ser homosexual o bicho raro (y ambas cosas todavía en muchas personas puedan pertenecer al mismo saco de lo “anormal”) 

Si, hemos evolucionado algo en cuanto a las formas de unirnos: ahora ya no es un tema –o al menos tanto como antes- vivir en pareja sin estar oficialmente casados. Pero las creencias y los propósitos siguen ahí. Las familias siguen siendo centro de vinculación y de referencia social. Y fuera de ellas, las personas que inventan otros modos de relación no familiares (que viven en grupos, o también los solteros) son percibidos en muchos casos como extravagantes.

En la mente de muchos de nosotros seguimos manteniendo como modelo ideal (cultural y económico) el de la familia unida por lazos de sangre. Y eso es algo que va más allá de nuestra conciencia, por ejemplo: 

  • Algunos solteros quieren tener pareja pero si no la consiguen pueden sentirse incompletos por ello e incluso perder el sentido de la vida.
  • El fin último de la vida añorada por muchas personas parece que sea tener pareja para tener felices relaciones sexuales dentro de ese vínculo que es privado.
  • Otros solteros/as  buscan formar familias a través de la adopción de niños.
  • Otros/as buscan pareja para no estar solos.
  • Las reivindicaciones de legitimidad social (homosexuales, madres solteras…) denotan la voluntad de formar familias como argumento para conseguir lo que quieren. 

Mi hipótesis es que en algunos casos se puede estar buscando la pertenencia a una pareja o a una familia a toda costa y luego, bien puede causarnos hastío -si no existe el amor- o bien angustia cuando no se acaba de conseguir el modelo ideal. Pareciera que en este tema manda un automatismo inconsciente –que se explica a través de las creencias monolíticas que hemos descrito- más que un acto libre de voluntad y de deseo. 

Conclusión: la familia, antes de ser una realidad (que también lo es) es un deseo que tenemos incorporado en nuestra mente para  el que estamos programados. A veces se vive con ilusión pero otras con desesperación por no conseguirla.


[1] Hasta que no surgieron oficialmente las  adopciones la referencia biológica era la que determinaba la condición del parentesco, bien por  consanguinidad (el hecho de haber nacido de una persona) o por la afinidad (el hecho de estar emparentado con alguien a través del matrimonio). Véase también un clásico entre los autores emblemáticos como Lewis Henry Morgan y su teoría de la sociedad primitiva y los sistemas de consanguinidad.

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La familia: sexo legitimado6.0104

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