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Una situación que pone al rojo vivo los propios límites lo configura la experiencia de llevar al plano sexual el deseo inconsciente de posesión. Cuando sucede esto y se sabe manejar no hay ningún problema. Pero puede ser que, a veces, se escape de las manos: 

El secuestro de Paqui 

Paqui le dejó a Carlos, su expareja, la única copia de su tesis doctoral en un CD-rom. Él había insistido mucho en que quería leerla y pasarla a su ordenador y ella  olvidó hacer una copia de seguridad en el suyo. 

Cuando Paqui fue a casa de Carlos a recuperar la copia se produjo una pelea entre ellos de tal calibre que Paqui cogió el disco corriendo y salió por las escaleras del edificio en donde vivía Carlos. Carlos, enfurecido porque quería que Paqui se quedase, la persiguió hasta alcanzarla y tiró de su camiseta para retenerla. Ella gritaba que la dejase en paz y siguió bajando escalones. Carlos no soltó la camiseta, de tal manera que la prenda se desgarró mientras  ella seguía vociferando pidiendo socorro. Carlos le arrebató el disco de su mano y le dijo que si no entraba en casa lo rompería. 

Ella lo pensó dos veces y decidió acceder a los deseos de Carlos con la idea de recuperar el disco intacto. 

Al llegar a casa Carlos cerró con llave la puerta de su casa para impedir que ella se escapara. Escondió el disco y se calmó. Ella, incomprensiblemente –según su testimonio- empezó a sentir una fuerte excitación. Se sentía secuestrada y arrebatada por Carlos y ello la trasladó a un deseo enorme de que Carlos la penetrara y la poseyera con violencia. Deseó ser propiedad de Carlos y ese deseo le hizo llegar al orgasmo rápida y frenéticamente. 

Que se trate de una mujer es indiferente. Tengo documentados situaciones parecidas en varones homosexuales. 

Cuando Paqui, en consulta, narró estos hechos decidió al mismo tiempo dejar de ver a Carlos por un buen tiempo independientemente de que habían tenido hasta le fecha una buena relación como exparejas. Pero sintió que había tocado un límite que podía ir más allá y ello la inquietaba. 

Otras veces este deseo de ser poseid@ o de poseer pueden producir gran excitación mental y sexual entre las parejas y, si se vive de manera consciente y como un juego, no llega  tener mayor trascendencia. Los límites son tuyos. O los ves o, si no, corres el riesgo de que los límites te coman.

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La excitación de ser poseido5.2105

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